La Comisión Nacional de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano CED), analizó durante el Simposio “Iglesia y Minería”, celebrado en la Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), los retos y desafíos de la explotación minera en la República Dominicana.

El obispo de la Diócesis de La Vega, monseñor Carlos Tomas, Morel Diplan, presidente de dicha comisión, dijo que el propósito de este simposio es provocar una reflexión a la luz del evangelio, y la doctrina social de la Iglesia, sobre los desafíos y retos que implican en la actualidad en la minería.

“Como iglesia que pelegrina en la República Dominicana, queremos ofrecer una iluminación sobre esta realidad que inspira al progreso a un grupo, despierta ambición desmedida a otros, causando incertidumbre, confrontaciones y dolor, en los más pobres y vulnerables de la sociedad”, expresó.

Manifestó que, como comisión, su interés es ayudar a crear una conciencia cada vez más clara sobre el valor inestimable de la tierra que “Dios nos ha regalados” y la responsabilidad que tenemos todos de cuidar y proteger “nuestra casa común”, como tanto pretendía el Papa Francisco.

El religioso dijo que la República Dominicana ha sido privilegiada por el creador, con tantas cosas hermosas como, sobre todo con la naturaleza, con tantos recursos naturales, no renovable, específicamente minerales como el oro, la plata el cobre, entre otros.

“Quienes desde los tiempos de la colonia han sido extraídos, para su comercialización, más de 500 años en lo mismo y no se les apaga la ambición y el deseo desmedido de explotar la tierra y convertir los recursos que tenemos en mercancías de interés personal”, precisó.

Explicó que con el devenir del tiempo y los avances tecnológicos ese activismo se ha convertido en un modelo económico basado en la explotación intensiva de recursos naturales patrocinando la explotación, el cual ha sido presentado como una vía rápida para el desarrollo y riqueza del país.

En ese sentido entiende que hay que repensar el modelo de crecimiento y hacerlo con criterio de justicia y sostenibilidad, respetando la vida y menos dependiente de la explotación de la naturaleza.