Más que minerales, la industria formal invierte en salud, educación y bienestar. Así se construye un legado de oportunidades que permanece en la gente.
En la República Dominicana, el sector minero formal funciona como un motor que impulsa el progreso social, transformando los recursos minerales en obras y programas que mejoran la calidad de vida en las comunidades donde opera. Este compromiso se refleja en una inversión directa de más de RD$220 millones en proyectos sociales entre 2020 y 2025. Este impacto es visible en la construcción de caminos que conectan localidades, acueductos que llevan agua limpia a los hogares y el fortalecimiento de escuelas y centros de salud. Dos ejemplos claros de este legado son Barrick Pueblo Viejo y Cementos Cibao, empresas que demuestran cómo la minería responsable construye un futuro sostenible.
El compromiso con la salud comunitaria es una prioridad. Un caso emblemático es el del Geriátrico Margarita Herrera en Jarabacoa, apoyado por Cementos Cibao. Durante 23 años ininterrumpidos, este centro ha ofrecido cuidado integral y digno a 90 adultos mayores, convirtiéndose en un referente de atención y un pilar para las familias de la región del Cibao. Por su parte, Barrick Pueblo Viejo ha extendido su impacto en salud a más de 20,000 personas en tres provincias a través de programas de desparasitación, jornadas médicas y donaciones de medicamentos. A la par, la minería formal apuesta por el talento local, invirtiendo en la formación de las nuevas generaciones. Barrick Pueblo Viejo ha sido un actor clave en este ámbito, apoyando a miles de jóvenes para que accedan a formación académica y técnica mediante becas universitarias y programas de capacitación. Cementos Cibao también ha generado un efecto multiplicador en la educación, capacitando a más de 350 ingenieros, arquitectos y maestros constructores en los últimos dos años con charlas técnicas que elevan el nivel profesional del sector.
Estas historias demuestran que la minería, cuando se hace bien, no sólo transforma la economía, sino que transforma vidas. El progreso se queda en el territorio, traducido en hospitales mejor equipados, jóvenes con más oportunidades y un tejido social fortalecido que avanza hacia el futuro.


