La cultura preventiva como clave de la seguridad minera.
La seguridad en una mina no empieza con un casco ni termina con un chaleco. Lo que realmente marca la diferencia es la cultura preventiva que se respira en cada turno de trabajo. Antes de encender una máquina o entrar a un túnel, las cuadrillas se reúnen para revisar riesgos, repasar protocolos y recordar que la prioridad es cuidar la vida de todos.
Los trabajadores reciben entrenamientos permanentes que les permiten anticiparse a los problemas y no solo reaccionar cuando ocurren. Reportar un incidente a tiempo, vigilar los procesos y estar atentos a sus compañeros forma parte de una rutina que, con los años, se ha convertido en hábito. La seguridad no se impone: se aprende, se comparte y se vive en equipo.
La tecnología complementa este esfuerzo. Sensores, sistemas de ventilación y monitoreos en tiempo real permiten controlar factores como el polvo, los gases o las vibraciones. Cada dato recogido es una alerta temprana que ayuda a reducir riesgos y refuerza la confianza de quienes trabajan en el subsuelo.
Esta cultura de prevención ha permitido reducir accidentes de manera sostenida y consolidar un entorno laboral donde lo más importante no es solo producir, sino hacerlo sin poner en juego lo más valioso: la vida de las personas.


